lunes, 3 de diciembre de 2007

Reportaje

Una batalla contra la hostilidad.
Travestis en el puerto, la lucha contra la discriminación


Han sufrido desde golpizas y homicidios hasta manipulación política. Esos son los riesgos de ser un travesti porteño. Sin embargo, sindicatos como Afrodita en Valparaíso o la agrupación Alianza Trans, han sabido darle un vuelco a la situación, aunque aún queda mucha tarea por hacer.

El puerto siempre ha sido un buen sitio para el negocio del comercio sexual. Desde todo Chile y Argentina llegaban las prostitutas y drag queens más cotizadas con el fin de hacer que un marinero solicite sus servicios el día que llegaba un gran buque a desembarcar.

No es de extrañar, entonces, que una de las mayores concentraciones de travestis de nuestro país encuentre refugio en Valparaíso.

Pero para estos individuos la vida en el Patrimonio de la Humanidad no ha sido nada fácil. Según ellos, ha habido un fuerte incremento de ataques hostiles en su contra, tanto físico como verbal y desde distintos actores sociales.

Esto concuerda con el aumento de organizaciones neonazis dentro de la región, grupo altamente agresivo contra el oficio sexual de los travestis, por lo que estos suelen terminar sus noches de trabajo con una paliza o, incluso, la muerte.

“Apenas se oscurece, tenemos que luchar con el miedo que algún hijo de puta nos venga a pegar” Afirma Myryam, travesti de 25 años que suele circundar las calles del puerto de mis amores.

Pero la discriminación no empieza ni termina en este pequeño grupo de reaccionarios. La muerte de Wendy (Anselmo Vivanco) por Sida, debido a la descuidada asistencia que recibió en el hospital Carlos Van Buren de Valparaíso, tras haber ido en cinco oportunidades de urgencia, fue uno de los hechos que más golpeó a la comunidad travesti y que inspiró a Carolina Adriazola para hacer su documental Montgolfier.

El comercio sexual es uno de los principales agentes que perturban socialmente. Motivo de reclamo para un colectivo evangélico que se hace llamar Los valientes de David, quienes han iniciado una serie de campañas en contra del sindicato travesti.

El último eslabón que se colude contra la comunidad es la clase política. Políticos que usan a los travestis como parte de su campaña electoral y luego los dejan botados sin cumplir ninguno de los compromisos con la comunidad. Los dardos apuntan al senador Nelson Ávila, que sólo se ha preocupado para cuando haya que salir en algún medio.

En definitiva, en el puerto los travestis viven un verdadero complot en su contra. Víctimas de la discriminación no se han quedado de brazos cruzados. La misma creación del sindicato el año 2000. Las famosas fondas transformistas que se iniciaron el año 2003 y que hoy ya son parte del parque Alejo Barrios. La búsqueda de otros medios de producción que no tengan que ver con el comercio sexual, como talleres de peluquería, programas de reconversión laboral, etc. Permiten integrar de distinta manera a estos actores sociales.

Los travestis saben que si no logran erradicar la intolerancia y la discriminación les será imposible hacerse un espacio en esta sociedad que los excluye hostilmente. El llamado es a cooperar con la integración de todas las organizaciones sociales como este sindicato.


“A Valparaíso llega tanta gente de San Felipe y Los Andes que no tienen ni para la micro.” Afirmó Zuliana, presidenta del sindicato Afrodita en una entrevista para la revista Opusgay.

Una de las principales demandas de los travestis, la cual consistía en la construcción de una sede para el sindicato, fue acogida pero jamás cumplida por el senador Nelson Ávila. Finalmente, a la comunidad se le entregó una sede que carece de los servicios básicos de agua, luz, etc.





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